Sr. Lector, no se deje “empomar”.
“Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron
que convertirlo en espectáculo”
A propósito, la semana pasada fui a ver al director editorial de la revista donde trabajo y le propuse la noticia del mes: unos chicos voluntarios, que con mucho de conciencia social, colaboran con la construcción de viviendas para sectores marginados desde un lugar de generosidad y solidaridad, solo por el placer de la justicia y un país mejor.
—No me sirve, me dijo él, necesito que haya algo de color en la noticia, esa noticia por si sola no vende.
Fue así su respuesta, implacable, sin sutilezas o mensajes subliminales.
Sucede que soy obstinado y pensé en la forma de hacerla más vendible como él quería. Primero porque tenía que presentar una noticia ya que básicamente ese es mi trabajo en la revista, y además porque me parecía justo que la noticia se conozca, y así fue como procuré inventarme algún bochorno para hacerla más atrayente. Se me ocurrió involucrar al arquitecto de las viviendas, que no estaba seguro ni de quien era realmente y menos sobre qué tema podía adjudicarle alguna culpa. Me sobrevino entonces la idea de que podría estar ligado al narcotráfico, algo que está de moda ahora. Le agregué a la noticia como quien no quiere la cosa: “el arquitecto del proyecto de construcción de las viviendas lavaría dinero proveniente del narcotráfico…” y a continuación la noticia tal cual la había redactado antes.
—Bueno -me dice esta vez el director- va tomando forma, pero la noticia sigue siendo la construcción de viviendas para pobres, y eso no le importa a nadie…esmerate un poco más y lo volvemos a charlar.
Yo sentí que si me seguía esmerando podía terminar preso, pero él me respondió con mucha sensatez que cuando había visto yo un periodista preso …y que en este país solos los perejiles van presos. Entonces continué envalentonado con lo mío, y encaprichado en sacar la nota agregue un condimento más que me pareció que no podía fallar. Escribí:
“Misterio en las viviendas solidarias: sus habitantes no duermen desde hace un mes, fecha en que se terminaron de construir”, y agregué: “Luego de una investigación exhaustiva se descubrió que los ladrillos con los que fueron construidas la viviendas estaban rellenos de cocaína, dado que su fin era ser contrabandeados por el empresario y arquitecto del proyecto quien falló en el operativo y tuvo que utilizarlos de esta forma imprevista. Sus habitantes fueron inhalando en su cotidianidad dicho veneno y así fue que quedaron intoxicados y desvelados de forma insólita”.
La nota ahora sí había quedado linda y finalmente se publicó. Yo mantuve mi empleo y la gente recordará para siempre el caso de los ladrillos endrogados. Y todos contentos.
Y es a esto a lo que yo llamo en la intimidad de la redacción: “empomar” al lector. O quien no recuerda el caso de la familia Pomar, y de todas las hipótesis que surgieron respecto de su desaparición: desde acusarlos de narcotraficantes, pasando por el crimen pasional, la huida del país por morosos, secuestro y asesinato, hasta la abducción por los marcianos…todas las novelas posibles.
Finalmente se supo que habían sido víctimas de un accidente de tránsito: lo insospechado por obvio y también por vulgar.
Ahí acababa de terminar la noticia, en vez de comenzar.
“Empomar” al lector…
Es imposible construir noticias con ladrillos de editores huecos.
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