Cuando me invitaron a escribir unas líneas en el Newsletter del CUP contando en que anda mi vida profesional, primero me pregunté para qué. Me respondí que para tratar de contagiar el espíritu de autogestión tan inherente al periodismo aunque a veces parezca que no, o no tanto.
A días de cumplir 30 años, soy el presidente de la cooperativa de trabajo Fábrica de Ideas. El título tal vez suene ostentoso: somos 10 personas interesadas en la comunicación social, 6 de ellas estudiantes de esta carrera en distintas universidades, que aprovecharon las posibilidades que la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual brinda a las entidades sin fines de lucro, otorgándoles el 33% del dial, para instalar una radio FM en la ciudad de Alta Gracia.
Ser una organización sin fin de lucro no quiere decir que los que trabajan en ella no cobren dinero. Radio Tortuga es un emprendimiento que desde su nacimiento entiende a la comunicación como una herramienta de transformación social con el fin de democratizar la palabra, desarrollar el pensamiento crítico y promover la participación ciudadana sobre la base del trabajo digno, responsable y profesional.
Tortuga es una radio con un fuerte perfil periodístico, joven, reflexiva, que no corre ciega detrás de las primicias y sin embargo llegamos a ellas tan a menudo como lo hacen las emisoras que compiten con nosotros, como en aquella carrera de fábula contra la liebre.
Nuestra cooperativa se encuentra también desarrollando desde hace algunos meses un portal de noticias diarias de la región que es único en nuestra ciudad en cuanto a la periodicidad de actualización.
La respuesta a ese “para qué vamos a ser periodistas” abre otra puerta a la exploración de las posibilidades laborales de nuestra profesión y tal vez hasta definan desde donde vamos a construir y construirnos.
Personalmente creo que nos toca desempeñarnos en una etapa histórica maravillosa para los que amamos el periodismo donde los condicionantes económicos para que más comunicadores puedan acceder a sus propios medios de comunicación son infinitamente menores al de hace 50 años.
Vivimos tiempos en que nuestra actividad está en la mira de todos y eso está bueno. Nos obliga a exigirnos más. A diferenciarnos de los mediocres, y de los que no tienen como fin comunicar.
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