Eduardo Galeano: Relator de un crimen continental

Demarchi

Rogelio Demarchi, docente del CUP, periodista y escritor, recuerda en esta nota para La Voz del Interior la trascendencia de Eduardo Galeano.

rogelio de marchi

Apenas nacía la por demás compleja década de 1970, y un uruguayo de tan sólo 30 años y notables antecedentes periodísticos se despachaba un libro que no sólo se convertiría de inmediato en referencia obligada para todos los actores políticos de la escena continental, sino en todo un clásico, y hasta le otorgaría a su autor un privilegio que muy pocos escritores han tenido en toda la historia de la humanidad: apropiarse desde entonces y para siempre de “el” tema de su época.

Las venas abiertas de América Latina –cuya primera edición es de 1971– no hizo de Eduardo Galeano un escritor, sino algo más: lo transformó en el “relator” por excelencia de esa Latinoamérica oprimida que por aquellos días buscaba liberarse por las vías más diversas, pero casi siempre igualmente violentas.

Casi 40 años más tarde, en 2009, en una reunión internacional, Hugo Chávez intentó demostrarle a Barack Obama que aquel planteo seguía vigente al obsequiarle un ejemplar del libro de Galeano. La foto dio la vuelta al mundo y disparó las ventas por Internet a niveles inesperados. No sería de extrañar que ahora suceda otro tanto. La muerte de García Márquez, hace casi exactamente un año, convirtió a distintos títulos de su obra en best seller global en pocos días.

Las venas abiertas… no es el libro de un historiador, o de un filósofo, o de un sociólogo. Es el libro de un periodista, escrito y publicado cuando todavía el periodismo podía otorgarle prestigio a quien lo ejerciera y ser, entonces, una honesta plataforma de lanzamiento de la carrera de un escritor –idea (y posibilidad) que sería ferozmente cuestionada desde distintos sectores a partir de la década de 1980.

Galeano supo definirlo como “un manual de divulgación”, que buscaba en la historia pasada las claves que explicaran el presente. Su tesis es que “el subdesarrollo latinoamericano es una consecuencia del desarrollo ajeno”. Si esto es así, uno no pasa del subdesarrollo al desarrollo: uno es subdesarrollado porque otro se desarrolló a expensas de uno. En otras palabras, los países desarrollados han alcanzado su estatus a costa del subdesarrollo de los demás. Esa noción, que de múltiples maneras estaba en el aire, por el trabajo, entre otros, de economistas, pedagogos, ensayistas y poetas, encontró su formulación narrativa ideal en las páginas de Las venas abiertas de América latina. Desde su primera gran oración –ni hablar del título–, que es todo un hallazgo y que condensa el tono de lo que vendrá: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

Todo el resto de la producción de Galeano, que no fue poca (redondeando, 15 señores libros), que no fue malo (casi todos ellos son grandes textos, casi todos han sido best sellers), y que llevan hasta la perfección un estilo inconfundible (hecho de pequeñas prosas que funden la crónica con la ficción y la historia, y el dato concreto con el símbolo o la metáfora), podría no estar en su currículum. Y sin embargo, igualmente estas páginas registrarían hoy la muerte de quien supo denunciar a los que desangraban a América latina.

Demarchi, R. (14 de abril de 2015). Eduardo Galeano: relator de un crimen continental. La Voz del Interior. Recuperado de: http://vos.lavoz.com.ar/libros/eduardo-galeano-relator-de-un-crimen-continental

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