Ganador del Premio María Elena Brizuela

Maria Elene Brizuela

El ganador del premio María Elena Brizuela organizado de manera conjunta por el CUP y el diario La Nación es Luciano Ribero, con su trabajo Los cuentos reales. Luciano es alumno del CUP y se encuentra en el proceso de tesis de la Licenciatura en Comunicación Social (UCSE).

El próximo jueves 23, el ganador participará de la visita que realizaremos en el diario La Nación y consistirá en encuentros con editores, charlas y un recorrido por la redacción del diario.

El viernes 24, participará del Datafest el evento sobre apertura, minería y visualización de datos públicos destinado a periodistas, comunicadores, data miners, diseñadores, programadores, funcionarios públicos, miembros de ONG y público general interesado en la temática.

El premio consiste en un pasaje aéreo de ida y vuelta y dos noches de alojamiento.

Los cuentos reales

Las ideas se disipan como el vapor de mi café, café que nunca está tan caliente como quisiera. Ser periodista -a veces lo pienso- se parece mucho a esperar el turno del médico; uno ve a la gente pasar, los escucha hablar, es testigo de historias. Mientras, espera que le caiga alguna idea.

Así como hay historias que, a veces, parecieran poder contarse solas, la mayoría de ellas requiere de paciencia. Ésa es una buena cualidad del periodista. No siempre la primera fuente es útil, nunca el dato inicial alcanza. Y ése, por otra parte, es el mejor aliado de la profesión.

El dato. Uno puede unir las más lindas palabras, combinarlas cual poesía de autor novel. Puede contar la historia más impactante jamás contada. Pero eso no lo hace a uno periodista. Lo hace, a lo sumo, un buen escritor. La información comprobable, materializada en un número, en una buena fuente, en un porcentaje de un gráfico o una tabla, transforma un cuento en una realidad.

Y he ahí la magia del periodismo. Puede gustarnos mucho leer un poema, viajar a otros países, mundos o vidas subiéndose a las páginas de un libro. No obstante- y éste es el truco más real bajo cualquier manga- la vida diaria golpea más fuerte. La diferencia entre el periodista y el escritor es el dato.

Personalmente navego por ambas aguas. A veces, se cruzan como las corrientes de un río. El mundo de las letras tiene esas cosas; un pequeño detalle marcará la diferencia entre la tapa de un diario o el comienzo de una novela. Ese detalle es el dato.

La información tangible, aquella con la que uno puede iniciar un buen debate, le da mucho valor a la opinión. Un gráfico de barras o de torta, combinado con un mapa digital (cada ubicación precisamente marcada), no es más que una búsqueda esperando ser interpretada. El periodismo de datos encuentra su razón en el más completo análisis posible, que es el de los números y las letras dialogando como dos vecinos en la mesa de un bar.

En un mundo donde la intolerancia es un peatón más en la calle, el rol del periodista debe ser más acertado y pertinente que nunca. La información no es un juguete roto, tampoco puede buscarse a medias. Hoy es, y acaso lo haya sido siempre, la línea divisora entre la discusión y la pelea. Subestimado límite, pero demasiado importante.

E insistiré con la idea de realidad y ficción. No es una mera distinción semántica, mucho menos una decisión estilística. Es ganarse el merecimiento de contar una de tantas verdades, desde una óptica de periodista profesional. Porque no hay nada más hermoso que leer a un gran escritor de cuentos, pero tampoco hay nada más desconcertante que leerlo en una noticia.

Podría decir que Rosa camina, cada tarde, por la 9 de julio y se detiene en la misma vidriera, a la misma hora, en el mismo local. Quizás con la bufanda que le habría hecho su abuelo, porque acaso aprendió a tejer durante una fuerte gripe. Les contaría cómo imagina el rostro de su marido sobre esa camisa de seda, la corbata abrazando el cuello con la misma elegancia y postura de ese maniquí. Les narraría, con mucho gusto, la historia de cómo Rosa no puede comprar el traje. No le alcanza. Un cuento, un relato ficcional. También les podría decir los números de la inflación, cuánto subieron los trajes en los últimos años. Los niveles de pobreza, las encuestas sobre la influencia de la vestimenta en la percepción de la sociedad.

Sólo entonces, yo sería un periodista.

Y Rosa sería real.

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