La radio va

Radio

El 13 de febrero se celebra el Día Mundial de la Radio en conmemoración al día en que se estableció la Radio de las Naciones Unidas en 1946. Desde el año 2011,  todos los 13 de febrero nos permiten tomar la efeméride como excusa para hablar de este medio. Sin dudas el más cálido y cercano, el más próximo, el de la magia, la compañía y la imaginación.

No hay dudas,  el siglo 20 se quedó con el esplendor de la radio. Las décadas de 1930 y 1940 fueron sus años dorados. La radio instalaba personajes: locutores, cancionistas, actrices y actores de radioteatro eran las estrellas del momento. Las familias se reunían en torno del transmisor y seguían a las orquestas, las historias y la información.

El radioteatro fue su género por excelencia. Traspasaba las fronteras sociales, y sus actores, los caminos polvorientos para llegar a lugares recónditos y encontrarse con su público. El transmisor, un aparato de grandes dimensiones, ocupaba en las casas un lugar central, de reunión, de esparcimiento, de expectativas por la información.

La tecnología llegó para transformarla, abrirle paso a la calidad de sonido, fortalecer y ampliar su lenguaje, experimentar, y acercarse aun más al oyente.

La radio de hoy no es la misma de principios del siglo pasado. Es más fresca, versátil y vital, ofrece diferentes formatos, toma de lo audiovisual y la gráfica elementos para potenciar su discurso desde sus portales. Multiplica sus soportes y sobre todo experimenta y se reinventa. Pero, a pesar de todo,  no escapa a la incertidumbre en que viven los demás medios.

¿Las AM tenderán a desaparecer? ¿La radio en internet, sigue siendo radio? ¿Las cada vez más FM seguirán virando su contenido hasta parecerse a su madre pero con una mejor calidad de sonido? ¿La gente seguirá escuchando radio o internet se adueñará de esa audiencia entonces  fiel y numerosa? Todas las preguntas se intentan responder cada día quienes la hacen y le imaginan un futuro.

Ahora, de algo estamos seguros: más allá de los formas y maneras de escuchar, mientras la radio siga siendo esa compañía cercana y amigable que permita al oyente realizar otras tareas mientras escucha, mientras siga explotando esa capacidad de generar imágenes mentales mediante voces, música y efectos, mientras siga habiendo de un lado alguien que genere ideas con sentido, que anime, que juegue con el lenguaje, que haga reír y emocionar, que brinde una reflexión y ayude a pensar; y del otro un oyente cautivado, siguiendo el juego y realizando paralelamente sus tareas, la radio seguirá viva. Y tendrá vida para rato.

Magdalena Aliaga

 

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