Premio Adepa a una integrante del equipo directivo del CUP

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Magdalena Aliaga, profesora y directora del área de Relaciones Institucionales del CUP, recibió el 1º Premio de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas en la categoría Solidaridad Social. Adepa entregó los reconocimientos a la excelencia profesional a periodistas y fotoperiodistas de todo el país. Compartimos con ustedes la nota premiada.

El sueño de Yoyoka

Vive en el campo, en Nhashenque, un pueblo ubicado a más de 7 horas de la capital de Mozambique. Su casa es una choza de paja y chapa. Ni agua, ni luz, ni zapatillas tiene Yoyoca. Apenas unos pocos juguetes, una huerta con maíz, mandioca y porotos que su mamá cultiva desde la madrugada hasta que sale a buscar agua cada mañana. Yoyoca tiene poco, casi nada, pero la tiene a su mamá, Belinha, y se tiene a ella misma, con su espíritu sufrido y compactado a fuerza de voluntad y ganas de ser.

Llegó de Mozambique en el mes de septiembre para que le colocaran una prótesis que le permitirá recuperar la movilidad. Yoyoca perdió los pies tras sufrir graves quemaduras en un accidente doméstico en su aldea. Tenía un año y medio cuando, quedando solos en su choza con su hermano de tres, pisó el brasero que, como es el uso en su pueblo, se ubica en el centro de la precaria construcción  y se mantiene encendido todo el día.

Su mamá había salido a buscar agua, tarea para la que debe recorrer 5 kilómetros. Fue en esos momentos en que la beba sufrió quemaduras que la llevaron a perder sus pies y a caminar sobre sus rodillas hasta ahora. Yoyoca la tiene a su mamá, se tiene a ella misma y tiene unas ganas inmensas de vivir. Todas ellas fueron las razones que, para sorpresa de los médicos,  le permitieron sobrevivir a las quemaduras sin antibióticos ni tratamiento durante mucho tiempo.

Yoyoca la tiene a su mamá y ahora también a Silvia y Horacio, quienes vinculados a la comunidad de los hermanos Redentoristas, las trajeron a Córdoba para comenzar el tratamiento. Y a los once años Yoyoca volvió a caminar, como cuando tenía uno y medio, ahora con sus prótesis. A fuerza de ganas de ser, en estos meses aprendió a hablar castellano, perfeccionó su portugués, empezó a nadar e hizo muchas amigas en el barrio.

Ahora Yoyoca está extasiada frente al pino de Navidad. Sus ojos brillan más que las luces. Nunca vio uno así de grande y lindo, cuenta y se ríe mostrando su enorme sonrisa blanca. Dice que en su pueblo no hay adornos en esta época, solo el pesebre que arman los padres Redentoristas en la capilla. Pero cuenta que tiene un tío rico que es dueño de una vaca y que este año la van a comer para esa fecha.

Yoyoca está contenta, siempre está contenta y canta, todo el tiempo canta. Aunque le da tristeza que Given, su  hermano mayor, no pueda ver el pino de la Plaza España ni nadar en la pileta del complejo donde está el departamento de Silvia y Horacio, seguro que le hubiese gustado.

“Y para esta Navidad Yoyoca ¿qué vas a pedir?”. Le da vergüenza la pregunta y baja la mirada. Seguramente no la escuchó muchas veces en sus pocos años. “Una bikini con flores, para la pileta” dice y se ríe.

“¿Y tu sueño más grande?”. Ahí sí contesta sin dudas, porque no se trata de gustos, ni de caprichos sino de sus ansias de vivir dignamente. Y sosteniendo una  mirada larga y segura, dice: “Mi sueño es poder correr”. Y suelta una última carcajada que nubla los ojos de quienes estamos en ese momento a su alrededor.

En pocos días volverá a reunirse con su mamá y sus hermanos, volverá a su casa y a sus pocas pertenencias. Regresará cada tanto a Córdoba para los controles médicos. Además de correr, Yoyoca tiene muchos planes para su vida, quiere estudiar, ir a la facultad y formar su propia familia. Los que la conocen no dudan que irá logrando cada objetivo. A pura fuerza de ser.

La nota El sueño de Yoyoca fue publicada en el Suplemento Temas de La Voz del Interior el 21/12/14

Foto: La Voz

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